“Es necesario pensar en la incertidumbre porque nadie puede prever lo que pasara mañana o después de mañana. Además, ha resultado fallida para nosotros, la promesa de un progreso infaliblemente predicho por las leyes de la historia o por el desarrollo ineluctable de la ciencia y la razón. Nosotros estamos en una situación donde debemos tomar conciencia trágicamente de las necesidades de vinculación y de solidaridad, así como de trabajar en la incertidumbre”[1]
Bohr, Niels. Nació en Dinamarca en 1885. Matemático, doctor en física. Galardonado con el premio Nobel de física en 1922, por su investigación sobre la estructura de los átomos y la radiación que ellos emanan. Fue protagonista de una de las dos grandes revoluciones de la física en la primera mitad del siglo XX: la mecánica cuántica. La revolución cuántica fue una obra colectiva constituida a partir de las investigaciones de grandes genios de la época (Planck, Einstein, Bohr, Heisemberg, Pauli, Schrödinger), mientras que la otra revolución – la teoría de la relatividad – fue una creación personal de Einstein. El más conocido aporte de Bohr a la física cuántica, con trascendencia a otras disciplinas de investigación, fue el principio de la complementariedad: cuando una partícula (electrón o fotón) se comporta como una onda, no puede simultáneamente comportarse como un corpúsculo y viceversa, pero ambas descripciones resultan necesarias. Este principio permite unir nociones antagónicas para concebir los procesos organizadores y creadores en el mundo complejo de la vida y la historia humana. Bohr falleció en 1962.[2]
Multiplicidad, pensamiento complejo. Somos producto de una realidad que no comprendemos. ¿O nuestro producto es lo incomprensible y real? Existe la mínima unidad de materia, y otras que han dejado de ser tan mínimas. No existe el Arte[3] y la gente lo venera.
“Existen, (en cuanto que derivado del término latino existentia, el vocablo 'existencia' significa "lo que está ahí", lo que "está afuera")[4] y son aceptadas en el mundo occidental, 88, llamémosle figuras, (en un sentido general, en cuanto a la forma externa)[5], que nos han acompañando desde hace mucho tiempo.
Dichas figuras, establecen un código, que perfeccionado en mayor o menor medida a lo largo del tiempo, forman parte intrínseca de la Historia de La Humanidad, como tantos otros elementos, códigos, lenguajes…
Es incuestionable su utilidad, el servicio que nos prestaron, y seguramente, en un mundo tan complejo, tan avanzado, tan tecnificado, aún son estudiadas, comprendidas, y utilizadas.
Forman parte de una interpretación de la realidad. Son una creación del colectivo humano, y poseen sentido sólo para éste. Contemplan nuestro punto de vista, único. En mayor o menor medida, se las puede considerar creaciones Divinas, o simplemente hermosas.
Poseen 88 nombres propios, pero no vienen al caso. Son conocidas como constelaciones, o como “Conjunto de estrellas que, mediante trazos imaginarios sobre la aparente superficie celeste, forman un dibujo que evoca determinada figura, como la de un animal, un personaje mitológico, etc.….””[6]
Existimos, tanto o más que las constelaciones, y al igual que ellas, no tenemos propósito. Vivimos. Pero, ¿qué es vivir? ¿Qué es eso que llamamos vida? “Según Ortega y Gasset, vivir es encontrarse en el mundo, hallarse envuelto y aprisionado por las cosas en cuanto circunstancias, pero la vida humana, no es sólo este hallarse entre las cosas, como una de ellas, sino saberse viviendo. De ahí que siendo el vivir un verse vivir, la vida humana sea ya un filosofar, eso es, algo que la vida hace en el camino emprendido para si misma”[7]
Existimos y vivimos, además de tener vida. Ése es nuestro paradigma. “La vida no es ninguna
substancia, es actividad pura”[8] Tenemos los elementos que plantean el paradigma, y su complejidad. No demos nombre a eso que nos hace vivir, no limitemos los conceptos. Seamos conscientes que seguimos viviendo después de nuestra muerte física, si seguimos aquel viejo proverbio que reza “Un hombre en su
vida debe escribir un libro, plantar un árbol, y tener un hijo” Estamos viviendo en tres manifestaciones diferentes de la vida. Nietzsche diría “se paga caro el ser inmortal”[9], Heráclito encontraría esa inmortalidad en la mortalidad de nuestra carne, pero, nuestro árbol, no vive, simplemente está vivo. El vivir “no tiene naturaleza como las cosas que están ya hechas, sino que tiene que hacerse constantemente a si misma. Por tal motivo, la vida es elección”[10]
“Hay una diferencia de principio entre operar con la realidad orgánica, y comprenderla. Desde el punto de vista de la operación, la reducción a lo físicoquímico
no es sólo posible, sino inevitable. Desde el punto de vista de la explicación, es preciso hacer algo más que señalar algunas notas peculiares que definan la substancia orgánica frente a la inorgánica. Pues "no puede haber notas peculiares que definan la substancia orgánica frente a la inorgánica si no se adopta una cierta actitud mental (un cierto 'punto de vista') que permita destacar determinadas notas" (El sentido de la muerte, 1947, pág. 115)”[11]
Existimos, tenemos vida, y vivimos. ¿Qué es lo que nos hace vivir? Démosle un sentido ahora. Llamémosle razón, y comprendamos la realidad, imaginemos, y seamos conscientes. Preguntémosle a Augusto Boal[12], o a Aristóteles[13], y le llamaran “Teatro”, justificando en la imitación, la diferencia con los demás animales, justificando en la imitación, “el verse viendo, y el pensarse pensando”[14]. Kandinsky diría que es el arte[15]. El pensamiento occidental atribuye esa capacidad a la filosofía. ¿Y cuál es la meditación de la filosofía? “Platón señalaba ya que la filosofía es una meditación de la muerte. Toda vida filosófica, escribió después Cicerón, es una commentatio mortis. Veinte siglos después Santayana ha dicho que "una buena manera de probar el calibre de una filosofía es preguntar lo que piensa acerca de la muerte".(…) Ahora bien, tales proposiciones pueden entenderse en dos sentidos. En primer lugar, en el sentido de que la filosofía sea o exclusiva o primariamente una reflexión acerca de la muerte. En segundo término, en el sentido de que la piedra de toque de numerosos sistemas filosóficos esté constituida por el problema de la muerte. A nuestro entender, sólo este segundo sentido es plausible. “[16]
Existimos, tenemos vida, la vivimos, y filosofamos acerca de nuestra muerte. Pero, ¿cómo entender: “la belleza del amor, es la interpenetración de la verdad del otro en uno, de la de uno en la del otro, es encontrar su propia verdad a través de la alteridad”?[17] Debemos remitirnos a la concepción del hombre como “homo sapiens demens”[18], entender al hombre como un péndulo que busca su centro entre la creatividad, y el exceso de razón, la locura. Entender a ese hombre, y al ruido y desorden que lo subyugan. Sólo de esa manera, sólo atendiendo a la espiritualidad del hombre como ser, se puede comprender el aferramiento a lo intangible. “Estamos en una época de transición y de toma de conciencia de una carencia”, dice Morin, y nos remite a la incertidumbre. Es la incertidumbre la máxima expresión del caos. Caos entre vivir y vida, caos entre vida y muerte. Caos de todo sistema. La incertidumbre…
Existe el orden natural. Existe el caos. Existe la incertidumbre. Existen las mariposas, y nos afectan tanto como las constelaciones. Sin embargo, pesan sobre los hombros del homo sapiens demens, las responsabilidades de sus actos, ya que Dios ha muerto[19]. Sin embargo, no es el superhombre nietzscheano el que consciente, acomete sus actos, sino, el homo sapiens demens de Morin. ¿Cómo puede un péndulo, hablar del bien y el mal? ¿Cómo puede definir lo moralmente correcto, o lo naturalmente correcto, si su hoy anda en busca de un sentido?
La hegemonía del activismo y la praxis eliminaron la idea de sabiduría.[20] La naturaleza es y será selectiva, siempre sobrevive el más fuerte. No lo apoyo, no lo rechazo, pero, el orden natural está establecido. El hombre se debate entre lo moralmente correcto, y lo naturalmente correcto, lo éticamente correcto, y lo legalmente correcto. Considerar una opción no es viable. Implica rechazar otras, abandonar ideales, cuestionarlos, ser inmoral, y atentar contra el sistema, pero es necesario.
Existimos, tenemos vida, la vivimos, filosofamos, y morimos. Cada proceso tiene una etapa, cada proceso tiene un significado. Cada proceso implica una opción. Al momento de elegir, cada caso es único, y debe ser analizado con todas la variables que lo afecten. Al momento de elegir, cada caso es único, y debe ser analizado aislado. No puedo emitir una opinión directamente. Indirectamente ya lo he hecho.
[1] Morín, Edgar, Manual de Iniciación pedagógica al pensamiento complejo.
[2] Morin, Edgar, Manual de Iniciación pedagógica al pensamiento complejo.
[3] Gombrich, Ernst H. – Historia del Arte
[4] “Existencia” Ferrater Mora – Diccionario Filosófico
[5] Larousse – Diccionario Ilustrado.
[6] García Álvaro – El Arte
[7] “Vida” – Ferrater Mora, diccionario Filosófico.
[8] “Vida” – Ferrater Mora, diccionario Filosófico.
[9] Nietzsche, Friedrich – Así habló Zaratustra – En Prólogo de Andrés Sánchez Pascual
[10] “Vida” – Ferrater Mora- Diccionario Filosófico
[11] “Vida” – Ferrater Mora – Diccionario Filosófico
[12] El Arco iris del deseo – Augusto Boal
[13] Poética - Aristóteles
[14] El Arco iris del deseo – Augusto Boal
[15] Kandinsky, Wassily - De lo espiritual en el arte.
[16] “Muerte”- Ferrater Mora – Diccionario Filosófico
[17] Morin, Edgar, Amor, poesía, sabiduría.
[18] Morin, Edgar, Amor, poesía, sabiduría.
[19] Nietzsche Friedrich. Así habló Zaratustra.
[20] Morin, Edgar – Amor, poesía, sabiduría
Bibliografía
Aristóteles - Poética
Leviathan 2004
Boal, Augusto - El arco iris del deseo
Alba Editorial
Barcelona 2004
Ferrater – Mora - Diccionario Filosófico
Editorial Sudamericana
Buenos Aires 1964
Gombrich, Ernst H, - Historia del Arte
Editorial Debate 1997
Kandinsky, Wassily - De lo espiritual en el arte
Premia Editora S.A.
Tlahuapan, Puebla. Quinta Edición 1989
Morin, Edgar - Manual de Iniciación Pedagógica al Pensamiento Complejo -
Corporación para el desarrollo Complexus
Marco Antonio Velilla – Compilador
Unesco 2002
Morin, Edgar - Amor, Poesía Sabiduría –
Ediciones Trilce
Montevideo 1998
Nietzsche, Friedrich, - Así habló Zaratustra
Alianza Editorial
España 1997
Traducción de Andrés Sanchez Pascual
23/5/09
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